ZOO

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Apertura de puertas: 23-30
Precio de taquilla : 8€
Venta anticipada: Taquilla

Hace apenas un lustro, el grupo Nuevenoventaicinco entregaba un disco (“B.S.O. 1999-2000”) que el paso del tiempo ha convertido en paradigma, en ejemplo sustantivo de cómo hacer propio un discurso genérico habitualmente refractario a la primera persona del singular, rutinariamente consagrado a glosar el descontento colectivo.

Desde los subterráneos del yo, el por entonces quinteto madrileño entregaba una colección de canciones sobre el desespero al que aboca el convertirse en todo lo que no queremos ser. Un disco conceptual sin precedentes ni continuación en el ámbito del hardcore castellanoparlante y que, para muchos, se convirtió en agradecido interlocutor durante el trasiego por las escabrosas lindes que separan la juventud del mundo adulto. La lucha mantenida desde entonces por su nucleo fundador ha discurrido, igualmente, de puertas para adentro. Idas y venidas en la formación, pocos conciertos, la enfermedad, una desesperante inconstancia… factores que hacían pensar en un inminente punto final que el primer disco de Zoo convierte en radiante punto y aparte.

El tándem lírico sobre el que pedalean ha abandonado los callejones de lo individual, y transita ahora por las avenidas de la ciudad, atestadas de luminosos cuyo brillo es incapaz de encubrir un más que predecible colapso. Durante el paseo, toman apuntes de un natural tan alejado de su esencia que, ya en el estudio y con el acertado planteamiento, les obliga a tirar de vocoder, a multiplicar la intensidad de las guitarras o a repostar carburantes de elevada conductividad eléctrica. El estirón creativo que han experimentado se manifiesta en la multiplicidad de géneros a los que recurren –del estribillo pop al pulso drum & bass, pasando por la profundidad del dub o los barnices punk– y en el exhaustivo trabajo sónico consagrado a cada pieza. Encontramos estribillos infalibles, cada escucha aporta nuevos detalles y, una vez más, hay concepto, pero también grandes canciones. Unas canciones que esta vez apelan a lo colectivo, pero que se in tuyen n acidas de la necesidad individual, de la dolorosa experiencia que supone ser y estar consciente

Cesar Luquero