VICTOR COYOTE

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Apertura de puertas: 23-30
Precio de taquilla : 9€
Venta anticipada: Taquilla

CUESTION DE CREER
De repente Victor Coyote ha descubierto que todo es una cuestión de CREER.
-De CREER que uno es un corredor de fondo.
Uno tiene que creerlo a la fuerza cuando a los cuarenta y muchos años, uno se pone a escribir y le sale una canción como “Azcona 16”
-De hacer CREER a la gente:
Que sus letras son una descripción tan detallada, algunas veces de los acontecimientos sociales, otras de las indescriptibles y enigmáticas sensaciones biológicas que sacuden el alma humana en ciertos momentos, que los tópicos literarios del perdedor-canalla-bebedor, del rockero mesiánico y del artista bohemio del siglo pasado que llenan los surcos laser de tantos y tantos CDs son conceptos que pertenecen a una poética de eso, del SIGLO PASADO.
-De CREER firmemente y mas que nunca que la vida es una cuestión de TOMA y DACA. O sea, de Yin y Yan, de Bondad y de Maldad, de Risa y de Llanto, de Músculo y de Cerebro, de taburete de cantautor y de coreografías de artista de Miami.
-De CREER, ahora que es un solista, que su grupo (Carlos López/ bajista, Carlos Mirat/ batería y Alex Balaclava/ teclados) es uno de los grupos con sonido mas original, empastado y económico del rock electrónico actual.
-De CREER en la cuadratura del círculo o en la pescadilla que se muerde la cola. Por eso Coyote ha grabado un disco de New Wawe del año 2004 sin intención revival, simplemente porque él nunca había hecho Nueva Ola. (Tan ocupado estaba, como sabemos, en descubrir la latinidad)
-De CREER -como dice la primera canción estrella de éste Mini CD- en el Diablo, en el Santo Job, en el Mar de los Sargazos, en la gota que colma el vaso y en la sangre del Señor

¿A QUE VIENE AHORA SILBAR? CREYENDO PASO A PASO:

AZCONA 16- Una casa se queda vacía. No por mucho tiempo. Las reacciones físicas derivadas de la acción se mezclan con los recuerdos y los sentimientos de los antiguos inquilinos.
Una canción mod con ritmo inspirado en el “Burning Love”, y toda la voluntad “Motown” que tenía la canción de Elvis.

BASTANTE, BASTANTE- Victor pretende convencernos de que la tristeza desde la lejanía puede ser tan extraña como un comic de Dan Clowes. Lo consigue. En lo musical, la canción acierta con un estribillo muy mexicano, con una segunda voz que recuerda a Rocío Durcal y un teclado muy a lo ABEJA MAYA en intelectual.

YO, QUE CREO EN EL DIABLO- Ya se ha dicho que el artista CREE. En la canción, los que son unos descreídos son los parroquianos del bar de la calle Palma, donde Lucifer cae una tarde de lluvia, casi por casualidad. La banda sonora de la historia tiene su fórmula: Rock´n´Roll + Electrónica pop.

SOLO POR EL RUIDO- Las canciones de niños tienen varios componentes temáticos: ternura, cierto sadismo, juegos de palabras tirando a lo incomprensible y amistad hasta la muerte. Y puede que algún otro ingrediente que no figura en esta canción. Es posible.

FAMILIAR- Se puede ser artista y llevar una vida ordenada. Se puede ser artista y llevar una vida desordenada. Se puede ser bohemio y se puede ser elegante. De lo que casi nadie escapa es de tener una vida FAMILIAR.
Txema Pintado

Víctor Coyote comenzó su carrera musical en 1981, de forma adyacente a la ‘movida madrileña’. Adyacente porque, a pesar de coincidir en fechas y lugares con sus principales protagonistas, él mantuvo claras diferencias con respecto a ellos. Musicalmente, el punto de partida de su grupo, los Coyotes, era el Rockabilly, del cual Víctor es aún entusiasta. Pero, a diferencia de sus colegas -españoles o extranjeros-, su líder pronto se percató de lo absurdo que era poner puertas al campo, por lo que comenzó a bastardear su rock chulesco con influencias tales como el Calipso, la New wave más intelectual, la Rumba -catalana o no- o el Funky más avanzado de la época, logrando ganarse un buen número de fieles y exigentes seguidores.

Así, Coyote, entre mediados y finales de los ochenta, perpetró una serie de discos sanamente inclasificables, frescos, intensos y bailables, como “De color de rosa” o “Las calientes noches del barrio”, muestras palpables y empíricas de sus exploraciones en los terrenos de la música ‘caliente’ antes de que David Byrne o Santiago Auserón siquiera anotaran las posibilidades de la fusión de la misma con el pop y el rock.

Consciente de que había venido al mundo a hacer lo que realmente debía, quería y tenía que hacer, Víctor sometió su carrera musical a una serie de cambios llenos de valentía. Cambios que hoy pueden parecer lógicos con el fin de mantener viva la emoción de una obra sin casarse con nadie ni venderse por nada, pero que en su día no fueron bien comprendidos por un público mayoritario corto de miras y acostumbrado a obviedades. Todo ello no pudo evitar que el Coyote se viera transformado en un sex symbol temperamental, lleno de una enorme e hiriente ironía hacia sí mismo y hacia los demás, que lanzaba una mirada genuinamente posmoderna sobre el ‘rollo hispano’.

Víctor Aparicio desarrolló, paralela a su carrera musical, otra de diseñador y pintor, rama profesional en la que se ha mostrado igualmente versátil, coherente y prolífico. Mención aparte merece su labor como letrista, la cual le descubre como un agudo observador, detrás de cuyo caparazón colorista y falsamente arrogante se nos revela un hombre de densas reflexiones, escéptico pero tierno, y con un sentido del humor inagotable que sólo unos pocos han logrado apreciar.

Todo esto ha permitido a Víctor Coyote editar sus últimos discos libre de las presiones del mercantilismo de la industria musical, lo cual le ha llevado en los noventa tanto a enriquecer su discurso con músicos y sones genuinamente brasileños en “Lo Bueno, dentro” (1995) como a dejarse seducir por la vanguardia más radical, electrónica y ruidista del pop en “Lucha de migajas” (2000).

En “¿A qué viene ahora silbar?”, ha tomado más que nunca el control de sus canciones, limando aristas innecesarias y eliminando embellecimientos estériles. Su nuevo cedé para el sello Munster nos ofrece su lado más extrovertido, desprejuiciado y vitalista, sonando a la vez más ‘artie’ y más cercano que nunca, con un sorprendente eclecticismo que combina referentes nuevaoleros y rockeros con otros en la onda tex-mex o puramente latina, y un gusto por las atmósferas envolventes con un toque de electrónica vintage. Todo ello sin perder un ápice de la chulería, el misterio y la sensualidad que caracteriza cada uno de sus álbumes. Con “¿A qué viene ahora silbar?” Víctor Coyote ha facturado una colección de temas concisa pero precisa, llena de buenas melodías, que convierten a éste en el más accesible de todos sus discos.
“¿A qué viene ahora silbar?” representa un éxito asegurado y merecido para un artista que no ha vuelto, simplemente porque siempre ha estado ahí.(Fte:www.munster-records.com)