VENUS

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Apertura de puertas: 23-00
Precio de taquilla : 5€
Venta anticipada: 10€ con CD

Guillermo Piccolini, junto a su grupo Venus, acaba de editar un disco hipnótico y abarcable a la vez que le saca jugo a un espacio casi inexplorado dentro de los límites del rock argentino: la música inteligente. Después de un camino singular que incluye a los Toreros Muertos en España, al dúo Pachuco Cadáver con Pettinatto y breves pasajes por algunos grupos argentinos, Piccolini parece concretar ahora algo que siempre quiso, atravesando sin miedo aguas tan diversas como el dark, el reggae, la balada y la experimentación.

Batería: Lautaro Cotet y Martín Millan

Bajo: Gustavo Senmartín

Guitarra: Pablo Heredia

Coros y Efectos: Marina Olmi

Piano eléctrico, acústico, sintes, guitarra, voz y programación: Guillermo Piccolini



Más allá de méritos artísticos y trayectoria rockera, Gullermo Piccolini es un desconocido por las grandes mayorías que componen la hipotética tribuna del circo romano cuya arena son los medios de comunicación. La mejor manera de darle una referencia a este público ávido de personajes sería presentarlo como el músico que a fines de los ochenta y principios de los noventa integró en España y Argentina un dúo junto a Roberto Pettinato, proyecto que respondía al nombre de Pachuco Cadáver. Según palabras de Piccolini, Pachuco era "un grupo que intentaba ser experimental y vanguardista, pero al mismo tiempo el cantante del grupo era un chistoso de la televisión".



Ya perfilado el personaje, se pueden agregar datos que hacen a su pasado (por ejemplo, que en la década pasada dio conciertos multitudinarios en España como integrante de los exitosos Toreros Muertos) y a su presente (que todos los fines de semana se presenta comandando Venus, uno de los grupos de rock más finos, interesantes y divertidos que se puedan ver en Buenos Aires). Así, mientras la tribuna va estudiándolo, es momento de darle la palabra a Piccolini entre los murmullos de la multitud.

Cuando habla, Piccolini dice cosas como éstas: "Evidentemente el rock está acabado. Me duele decirlo, pero los futbolistas de hoy saben hablar mejor que las estrellas de rock. Son más cultos y tiene más don de gentes. Es curioso y tiene que ver con un público que va a los recitales a ponerle letra a unos solos de guitarra espantosos. Son como hinchas de un equipo de fútbol que gana siempre porque no tiene nada enfrente".



Declaración fuerte, pero Piccolini está dispuesto a ir más allá: "Todos los días me planteo si no debiese abandonar este asunto del profesionalismo, vender todo, poner un negocio y hacer otro tipo de vida. No soy tan viejo como para decir Ahora soy plomero, y músico en mis ratos libres. Y hasta es posible que hiciera mejor música".



Antes de que Venus se llamara Venus, el proyecto del grupo ya existía. Incluso actuó en vivo como Planeta Piccolini: "Pero no me gustaba que todo cayera sobre mi cabeza en forma tan rotunda. Además, al poco tiempo de que el grupo se llamara así, apareció Planeta Paranoico, el disco de los Ratones Paranoicos, y en TV el Planeta Caníbal de Lalo Mir". Ya eran dos las palabras conflictivas en un nombre de dos palabras, y para rebautizar al grupo Piccolini eligió el planeta más cercano al suyo: "Además de ser el planeta gemelo a la Tierra, sólo que llueve ácido, Venus es también la diosa del amor, y un canal porno, y una perfumería que hay por acá cerca, en Belgrano".



Las canciones de Venus se pueden dividir en dos categorías: temas "rápidos" (en los que Piccolini toca guitarra) y temas "lentos" (con Piccolini en teclados), alternando referencias e influencias new wave y progresivas, pero manteniendo siempre el formato canción, el sentido del humor y la fluidez musical. La formación se completa con Pablo Heredia en guitarra, Gustavo San Martín en bajo y Marina Olmi en teclados y voces. ¿Y el baterista? "No tenemos un baterista fijo, así que vaya esto como aviso". Mientras tanto alternan bateristas invitados que conocen los temas.



Además de teclados y guitarras, Piccolini canta y lo hace siempre en inglés (de la misma manera que lo hace Willy Crook y que lo hacía Pettinato en Pachuco Cadáver, Luca Prodan en algunos temas de Sumo y el Bahiano en los primeros discos de Los Pericos). "Yo siempre escuché música inglesa; nunca me sentí muy identificado con el rock nacional. No me gustaba Seru Girán y no me gustan los grupos tetrabriqueros que hay ahora. No los entiendo, es como si me hablaran en chino, ni siquiera considero que sea música. No creo que tenga que ser parte de un movimiento en el que nunca creí y que hoy por hoy detesto. Si la gente no tiene ningún problema en pagarle $50 a Grinbank para ver a los Rolling Stones, no veo cuál es el problema de cantar en inglés".



Más allá del idioma, ésta es la primera vez en su carrera que Piccolini se encarga de la voz líder, y para ello ha tenido que sacrificar en parte su vocación de sound surfer, autodefinición que explica así: "Lo que hago en los teclados es muy de apretar botones e ir surfeando el sonido todo el tiempo". Tal actividad necesita de una dedicación exclusiva, incompatible con la responsabilidad de tener que cantar "que es casi otro oficio" para Piccolini, que no se limita a vocalizar sino que, junto a Marina Olmi, interpretan y hasta actúan las canciones de una manera que nunca se vio en el rock nacional.



Además de estar tocando casi todas las semanas en distintos escenarios del underground porteño, Venus está grabando un disco producido por el mismo Piccolini en el estudio que tiene en la parte trasera de su casa, que también sirve como sala de ensayo. Si bien no hay plazos establecidos, está la idea y la posibilidad de editar simples de adelanto. En vinilo, eso sí. "A mí me gusta el vinilo, me gusta el arte de tapa en el viejo formato. Yo compraba longplays con una actitud de reverencia y respeto hacia el objeto y el autor, como si fueran libros. En cambio el CD tiene esa caja, que es el peor diseño del siglo XX. Más allá de que en su momento deslumbrara por el modernismo de un objetito chiquito, redondo y plateado, no admiten vueltas, por más que lo pongan en una cajita de cartón con mucho diseño. Además, con ese tamaño, la tapa no se luce ni se lee bien siquiera. Y, como no me dan ganas de sacar ese librito interior que se engancha con las puntitas al sacarlo y ponerlo, y que queda todo arrugado, ya no sé cómo se llaman los que tocan en los grupos ni los nombres de los temas".



Piccolini termina su diatriba contra el sistema digital y, mientras el planeta Tierra sigue girando sobre su eje emitiendo ruidos y sonidos llenos de frituras e imperfecciones, y en Venus sigue lloviendo sin parar, se contagia de una rara calma y dice: Es muy romántico decir que voy a editar en vinilo, pero ¿quién lo va a escuchar? Creo que ni en las radios tienen tocadiscos ya".