LOS ESPIRITUOSOS + IGOR PASKUAL

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Apertura de puertas: 22-00
Precio de taquilla : 10 €
Venta anticipada: Taquilla

LOS ESPIRITUOSOS

Viejos conocidos de la escena nocturna Madrileña montan esta banda porque alguien tenía que hacerlo. Astray, Javi Chewaka, Sisgüey, Pedro Barbadillo y Cristian Chiloé. Existencialismo en clave de swing tabernario, atmósferas de tugurio donde saber estar es más que un grado y mucha retranca cañí. Estas son las pautas desde donde las canciones de los espirituosos cobran vida para recrear ese universo del que surgen historias tan surreales como la vida misma, con personajes tan increíbles como sus propios creadores.

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IGOR PASKUAL

Llevaba botas de agua, los amplificadores y la precaria red eléctrica de alargadores ganaban centímetros al charco creciente de agua gracias a unas endebles columnas de palés, y él insistía en repetir una y otra vez aquellos dichosos acordes del final, ajeno a la inundación, al hedor que desprendía la granja avícola clandestina reconvertida sólo parcialmente en locales de ensayo en el mismo centro de la ciudad, inmune al desastre que presagiaba todo aquello, con su cabeza puesta en el puto concierto de pasado mañana. Antes, o quizá fue después, no importa, lo había visto dejarse la sangre, el sudor y el vómito encima del escenario –y esto no es una metáfora–. Recorrer kilómetros con el instrumento a cuestas para llegar a tiempo a un concierto de mierda, fundirse en un beso interminable con el único sujeto con permiso penitenciario que había entre el público porque era rock’n’roll y había que igualar a los malditos franceses, rellenar folios como para publicar cinco tesis con variaciones de la letra de una nueva canción, follarse a todo lo que se le pusiera por delante como si lo fueran a prohibir mañana y supiera que aún así seguiría haciéndolo. Apurar, en fin, el vaso porque sabía que los posos le mostrarían el siguiente cáliz. Después se fue con Loquillo, de Troglodita, y en las guitarras y las canciones nacidas de su jornal puso la tenacidad de la máquina y la pasión del obrero. Ayer, o fue mañana, lo vi otra vez encima del escenario; sin Loco, sin banda, con los dientes apretados y la mirada del que se le está saliendo el corazón por los ojos. Cantaba sus pecados con dolor y pasión. Había sangre y salpicaba. Los años no le habían cogido por la crin para humillarle. Era un potro que coceaba al sol y no cejaba. Y entonces supe que Igor Paskual había subido a luchar y que no se bajaría. Y me di las gracias de estar allí y de poder contemplarlo. Y supe que sus canciones anegarían todos los océanos. No les miento. Escuchen.

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