LOQUILLO Y LOS TROGLODITAS

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Apertura de puertas: 22-00
Precio de taquilla : inv.

Abre tu mente, amigo. Imagina un mundo donde el éxito cultural no se mide por las ventas, donde la frialdad de los números no ahoga la poesía de las letras o las músicas. Un mundo de arte y ensayo, sí.
Era cuestión de tiempo: el rock corre peligro; escondámoslo de estilistas y alimañas y llevémoslo de vuelta a la madriguera. Las mejores cosas de la vida se cuecen en lugares pequeños y oscuros, como las salas de cine. El arte y ensayo no sabe de modas o tendencias, no entiende de intereses, límites ni fronteras. Del conflicto y la represión brotaron Truffaut, Buñuel y Zulueta (válgaseme la disparidad) como un sarpullido; de la castración del pop español, pues, debería germinar una nueva manera de hacer las cosas. Tabula rasa y a vestirnos por los pies. Como Ethan Edwards en Centauros del desierto, siempre de espaldas al camino fácil, fijémonos un objetivo y no nos conformemos con menos que todo. Reconquistemos la radio desde las salas de arte y ensayo. Pero hagámoslo con el cargador repleto de plomo, al estilo William Blake: una bala de virtud, otra de inteligencia y la tercera por el derecho a una estética propia, por fuera y por dentro. Porque arte y ensayo es lo que somos antes de nada, antes de la confusión.

La obra

El Loco lo ha entendido bien. Su nuevo disco, Arte y ensayo, suma 11 temas y 42 minutos magros de guitarras y talante subjetivo, una colección empaquetada en un concepto claro, con voluntad ejemplarizante: volvamos a la raíz, oídos sordos al mercado de los engaños y el mínimo común denominador pop; hagamos las cosas por amor y porque sí. Que el talento nos lleve a la fama y no al revés.

“Convertido en actor de un sólo personaje
Que con el tiempo reafirmó mi carácter,
Prefiero arte y ensayo
Así en la vida como en el escenario”
(Arte y ensayo)

Loquillo y los Troglos abren el disco con Arte y ensayo, el tema que le da título, su mascarón de proa. Una pieza de rock con calidad y mensaje directo y sincero: “Dirijo de forma independiente; soy un río enfrentado a la corriente”. Avanzada la canción, los vientos empastan con las guitarras de Igor Paskual (también compositor de muchas de las músicas de este Arte y Ensayo) y esos coros que guiñan un ojo de simpatía por los Stones.
Las declaraciones de intenciones no cesan: Rock and roll actitud, el primer sencillo, es todo un himno; el rock es algo más que una etiqueta, amigo. Fito Cabrales, sin sus Fitipaldis, se apunta a los coros y al recado.

“Necesito de tu protección,
Soy un peligro cuando entro en acción,
Una especie en extinción:
Animal de Rock and Roll”
(El hijo de nadie)

A lo largo de Arte y ensayo, Loquillo mira al frente y se abre paso con sus golpes más efectivos: letras inteligentes; conciencia de clase; provocación; rock de alto octanaje; referencias a los clásicos. Pedal de distorsión en Malas compañías, Tiro de gracia o Restos de serie; melodías tan pegadizas como El hijo de nadie y estructuras que recuerdan al mejor rock español de los ochenta. El león que lame sus heridas y se vuelve a levantar en Corre, rocker, corre; la descripción casi novelesca del ángel caído con chupa de cuero en la inspirada Personajes de Fitzgerald (donde El Loco canta como Lou Reed) o la resaca de aquellos primeros pasos, el rock’n’roll en su dimensión más pura en Veteranos, compuesta con el compadre Carlos Segarra.

“Aprendí que trovadores, bandoleros y juglares
No tienen acceso a los más altos lugares;
Como nunca rezaron, no hay dios que los aguante”
(Veteranos)

Arte y ensayo, producido por el habitual Jaime Stinus, es un disco redondo confeccionado con la colaboración del no menos familiar Gabriel Sopeña en Rock and roll actitud, Corre, rocker, corre y Tiro de gracia. Los Trogloditas siguen siendo un engranaje perfecto, una máquina de hacer rock como pocas en este país. Josep Simón y Jordi Vila, una base rítmica hecha para durar. Ellos son a Loquillo lo que la E Street Band a Springsteen: la constante perfecta; el colchón, la cama y el canapé.

Hace muchos años que El Loco perdió el miedo a decir lo que siente o a mudar de piel en función de su inquietud creativa. Arte y ensayo casi termina con una revisión de I Fought The Law, himno antisistema de Bobby Fuller popularizado por los Clash. Loquillo la rebautiza Luché contra la ley y los Troglos van a por todas sin dejar prisioneros. Pero, inmediatamente después, llega la preciosa Johnny et Sylvie, tonada cinematográfica de amor acaso inspirada en Johnny Halliday y Sylvie Vartan que huele a noche, a chanson y a cortinón.
Así, con versos en francés y el arrullo del acordeón, se despide una obra diseñada sin presiones y sin reloj, como un filme de Arte y ensayo. Un disco que te recuerda por qué Loquillo es uno de los grandes.

El artista

Jose Mª Sanz, de nombre artístico Loquillo, nació el 21 de diciembre de 1960 en el barrio del Clot (Barcelona). Hijo de dinamitero republicano y con fuertes valores familiares, desde joven se forjó un carácter recio y obstinado: como persona o artista, Loquillo es de una pieza, sin dobleces o articulaciones.
Tras unos prometedores comienzos en el baloncesto, abandonaría el deporte por el rock and roll cuando el perfilador de ojos y la canasta empezaron a hacerse incompatibles. Rozando la veintena, se convierte en firma habitual de algunas publicaciones musicales y, además de ejercer de mánager eventual de su amigo Carlos Segarra, comienza a cantar.
En 1980, sin grupo, repertorio ni apenas experiencia, graba su primer disco, Los tiempos están cambiando, que contiene éxitos como Esto no es Hawai (Qué wai) o Rock and roll star. Tras una temporada liderando a Los Intocables, con quienes grabó el EP Autopista (1982), empezaría su carrera triunfal con los Trogloditas, su banda de entonces en adelante. Loquillo y Trogloditas debutaron en Dro con dos singles, Vaqueros del espacio y Todos los chicos en la playa, a los que seguiría su primer LP, El ritmo del garaje (1983), que incluía los himnos Cadillac solitario, Barcelona ciudad o Quiero un camión, y un segundo titulado ¿Dónde estabas tú en el 77? (1984).
Sin casarse con la facción rocker más purista, pero tampoco con sus primos punks, la carrera de Loquillo y Trogloditas continuó en 1985 con La mafia del baile y el celebrado single Chanel, cocaína y Don Perignon, al que seguiría, dos años después, el arriesgado Mis problemas con las mujeres. En este disco, homenaje a los grandes crooners norteamericanos de tres décadas atrás, Loquillo rompió su techo de ventas gracias, en parte, a La mataré. La racha seguiría con Morir en primavera (1988) y éxitos como El rompeolas o La mala reputación, donde los Trogloditas adaptan a Brassens, pero Loquillo finalmente toca el cielo con la publicación del álbum en vivo A por ellos… que son pocos y cobardes (1989), que vuelve a poner de moda el Cadillac solitario. Su pegada quedó constatada en la fiesta del PSUC, en Barcelona, donde compraron su entrada casi 140.000 fieles.
Con Hombres (1991) comienza la colaboración de Loquillo con Gabriel Sopeña en el tema Brillar y brillar. En el mismo disco figuraba Simpatía por los Stones, un tema tributo a la banda de Mick y Keith. Mientras respiremos (1993), por su parte, reivindicaba a Johnny Cash con el clásico El hombre de negro, además de incluir la polémica Los ojos vendados y John Milner, que se convertiría en un referente para toda una generación de rockers.
La relación artística de Loquillo y Sopeña se estrechó en La vida por delante (1994), trabajo al margen de los Trogloditas donde ambos musicaban textos de Octavio Paz o Neruda, entre otros. El rock regresó en 1996 con Tiempos asesinos y el single Ya no hay héroes, donde El Loco cantaba a dúo con Hugh Cornwell, de los Stranglers. A finales de ese mismo año se grabaría Compañeros de viaje (1997), disco en vivo con la colaboración de ilustres como Jaime Urrutia, Carlos Segarra, Ramoncín o Pepe Risi. De nuevo en solitario, Loquillo publicaría Con elegancia (1998), otro álbum de poemas musicados, y Nueve tragos (1999), obra en clave de swing jazz.
Desde entonces y hasta hoy, Loquillo y Trogloditas han grabado dos trabajos más: Cuero español (2000) y Feo, fuerte y formal (2001), con los que dejan patente su condición de mitos vivientes del rock patrio. Su poderío como banda quedará amplificado, si cabe, con la inclusión de Guillermo Martín en la gira de Arte y ensayo (2004), su mejor disco en años.

Texto: TITO LESENDE

FOTOS CONCIERTO 25 ANIVERSARIO



CRÓNICA CONCIERTO LOQUILLO Y TROGLODITAS

Chulo, pero con mucho arte...

Era uno de los conciertos más esperados de este aniversario. Loquillo lleva tanto tiempo como la sala el Sol y Radio 3 haciendo música, es todo un icono del rock nacional y de la chulería hispana, y cuenta con montones de fans incondicionales.



A pesar de ser un rockero veterano, él mismo comentó que era la primera vez que tocaba en la sala El Sol, donde ofreció un concierto memorable: Loquillo llena el escenario no sólo por su gran altura sino por su enorme personalidad. Respaldado por los Trogloditas, entre los que en esta ocasión se encontraba el guitarrista Guillermo Martín (Desperados), demostró que los años no le afectan y sus últimas canciones tienen tanta pegada como las clásicas. “Arte y ensayo”, su último álbum, fue el protagonista de la primera parte del concierto, coreado por un público que se sabía de memoria temas como “Rock and roll actitud” o “Veteranos”.



Más tarde le llegó el momento cumbre del show, el del recuerdo del pasado glorioso de la banda con canciones como “Rompeolas”, “El Ritmo de Garaje” o “Cadillac Solitario” que dio cierre al concierto. Loquillo además dedicó una canción a Madrid, donde según sus palabras “ser chulo es un arte”, y también por ser la ciudad de Jaime Urrutia, que se encontraba entre el público, y la de Eduardo Benavente. La canción era “Que hace una chica como tu en un sitio como este”, el éxito de Burning, y uno de los himnos de la movida madrileña.



Por: Eva Contreras (heineken.es)