LE PUNK

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Apertura de puertas: 23-00
Precio de taquilla : 8€
Venta anticipada: 6€ anticipada en MadridRock

“Le Punk” es una banda madrileña que surge en el año 2000 fruto del afortunado encuentro de 5 músicos curtidos en diferentes proyectos musicales que deciden aportar su talento para desarrollar una perspectiva creativa diferente. De este modo se puede resumir el origen de “Le Punk” como formación musical y como apuesta artística. Si queremos situarnos mas cerca de los acontecimientos que desencadenan el proyecto “Le Punk” entonces nos tenemos que remontar a noviembre de 2000 momento en que Alfa (ex-Buenas Noches Rose y Perros de Paja) junto a Joe Eceiza (ex Malos Pelos y Perros de Paja) deciden concretar, a través de una banda, un concepto musical en el que andaban trabajando y en el que comienzan a vislumbrar unas posibilidades interesantes. Por este motivo se ponen en contacto con diferentes músicos de su entorno que, en un principio, son: Dani “patillas” (bajista en Blaze y Blu Culebra); Tuli (ex batería en Pereza y Saxo en Alameda do Soulna); Leyva (Pereza). Es en este momento cuando Le Punk surge como tal y cuando cristalizan las posibilidades de la unión del proyecto y el formato de banda. Sorprendentemente, el grupo tiene muy buena aceptación ya en los primeros conciertos en el “Café La Palma” a pesar de contar con un sonido “novedoso” mezcla de tango, milonga, rock n roll, swing y de basar gran parte de su potencial en la profundidad de las letras. Es en aquellos momentos cuando todos los componentes de “Le Punk” hacen suyoel proyecto y llevan su grado de implicación al de una verdadera banda. Esto supone una transformación y a la vez la consolidación de la banda que queda asi formada: Alfa (voz y guitarra), Joe Eceiza (guitarra solista), Tuli (saxo y clarinete), Dani (bajo y patillas) y el ex Yoghurt Daze, Datz (batería) en sustitución de Leyva. A esta formación se le une en poco tiempo el teclista Carlos Ramos “Sofio” (Cum Laude del Real Conservatorio) que pasa a ampliar la gama de sonidos del espectro musical “Le Punk”. Y la banda, ya consolidada, se lanza a un itinerario de trabajo en el que se conforma un repertorio redondo por su riqueza y efectividad; se graban sucesivas maquetas en las que van tomando forma el trabajo de estudio del grupo; se va cristalizando la actitud y puesta en escena de directo recogidos en un intenso recorrido por diferentes salas en las que “Le Punk” demuestra la valía de su repertorio, su capacidad de comunicación y la experiencia y profesionalidad de unos músicos con verdaderas tablas sobre el escenario. A las incursiones musicales por el tango, swing y rock n roll, se le suma un recorrido por el folklore balcánico, mas en concreto por las raíces gitanas de esta zona del mundo famosas por la difusión dada al trabajo de Goran Bregovic y la “No Smokin Band”. Con todos estos componentes y con un intenso trabajo de estudio se elabora “La Logia de la Canalla” primer L.P. de esta genuina formación madrileña.

Le Punk. Diciembre 2003



Milongas y sinvergüenzas



“La logia de lo canalla” es el esclarecedor título que ha escogido Le Punk para su primer disco, tan categórico y evidente como muchos de los nombres de las canciones: “El delito del amor”, “Tan muerto como vivo”, “Canalla”, “Veneno”, “Engañadora”, “Tango”… “Soy un persona que se ha fijado mucho en las letras de los tangos; la verdad es que tienen mucha miga. A través de los tangos me metí en otro tipo de rollos musicales. Soy un músico de rock tratando de hacer, a mi manera, swing o tango. Ha terminado siendo un disco de tres años de gestación”, nos explica Alfredo, voz y guitarra del novel combo, cabeza visible de un grupo preñado de balcanismos y sentimientos tangueros. Alfredo conoció las mieles del éxito en Buenas Noches, Rose, pero los vericuetos vitales le han traído a este sembrado paraje. “Pasé una temporada pensando qué quería hacer. Hice una banda de rock’n’roll pero, de repente, me pasó esto: empecé a escuchar cosas como Malevaje o Kosturica y, de repente, los Dictators y empecé a mezclarlo. No fue consciente: me dio una vidilla enorme y se me abrió un mundo tremendo”.



Una vez vista la luz, Alfredo tuvo la difícil misión de convencer a alguien de que eso que tenía en la cabeza tenía salida, de la valía de unas canciones y una actitud (la del traje a rayas y la raya en los ojos). “A las compañías al uso les parecía un disco extraño”, continúa Alfredo. “O no sabían o no querían. Decidimos hacerlo independientemente. Fue importante mi contacto con el mundo musical a través de Buenas Noches, Rose: me había encontrado con gente que mola mucho y, cuando tuve la maqueta, llamé. En Galicia encontré a Kim, manager gallego de la Fabrica de Chocolate, y en Valladolid a Armando, que tiene una editorial pequeñita llamada Peer. Un amigo mío de crío, que es defensa central del Valladolid, puso la pasta que faltaba. La cuarta parte somos nosotros, Le Punk”. Y así el equipo de producción y promoción fue llegando, entre la amistad y la confianza ciega. Lo otro, el grupo en sí, ya se lo había forjado Alfredo entre músicos amigos que también creyeron en el proyecto. “La suerte juega su papel. Todos funcionamos igual si hacemos algo que nos divierte y estamos con gente que nos apetece estar. Es importante el lado humano. Para la gente que no ganamos mucha guita el rock es una cuestión humana; tienes unas vibraciones, es una manera de relacionarte con la peña… Quien fue encajando se fue quedando”. Y de esta guisa… a meterse al estudio: “lo grabamos en el estudio de Peer, pequeño, modesto y de tecnología digital. Metimos un cuarteto de cuerda en un momento dado; también trompetas, todo buscado entre colegas, sólo para intentar colorear cada canción. La producción la hicimos con Angel Luján, que ha producido pocas cosas pero que tiene mucha cabeza y es amigo. Al final es un rollo de colegas. El había producido algo de Yogourth Daze, luego se fue a Nueva York trabajando por ahí y, de la que vino, le pedí que nos echase una mano”.



Resta dejarse llevar por unos directos altamente recomendables, música de vocación canalla y estética glamourosa. “Es un poco para hacer la risa de mí, para romper. Si a los diecisiete años me dicen que me iba a poner un traje para tocar no me lo hubiese creído. Me gusta que no haya una militancia de ‘yo soy esto o lo otro’, del ‘yo soy rockero’. Un concierto es una fiesta, una celebración incluso musical. Por eso tiene nuestra música tantas y tan diferentes raíces musicales: hemos oído tanto pasodobles y tangos en las fiestas de los pueblos de nuestros viejos como a La Polla Records o a los Rolling Stones. Cuando abrí los oídos al mundo ya estaban Michael Jackson y la gaita gallega. Para mí es igual de viejo, tan viejo como yo y punto: va al saco. A ver si, entre tanta cosa, encuentro mi personalidad”.



Kike Babas & Kike Turrón

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