CHUCK PROPHET

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Apertura de puertas: 22:30
Venta anticipada: 18 € en Taquilla


15 € Anticipada en:


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Siempre en un segundo plano, con otro compás de espera muy distinto al de las grandes estrellas, hay músicos que alumbran con luz propia, capaces de acompañarte de por vida y creerlos tan propios como los tótems de esto que es la música norteamericana. Se convierten en imprescindibles en tu imaginería particular, aunque apenas sean capaces de llenar una sala allí por donde pasan. No son Dylan ni Young ni Springsteen ni Franklin ni Morrison pero por sí mismos valen tanto como cualquiera de ellos cuando consiguen encender todas las luces de tu existencia con sus acordes. Puedo citar, y he citado en este blog, a gente como M. Ward, Willie Nile, Ron Sexsmith o Steve Earle, entre otros, que forman parte de esta categoría de iluminados, guías musicales personales. Otro que incluyo en este nivel responde al nombre de Chuck Prophet.

Hace ya tiempo hablé por este espacio de Prophet, al que califiqué de pequeño titán del rock. Con su aire obrero, nada ceremonioso ni exquisito, es un pequeño gran héroe del rock’n’roll, la síntesis extraña y poderosa entre un Tom Petty y un Rolling Stone, el equilibrio perfecto entre el zarpazo del rock más gozoso y el baladista callejero de vieja escuela. Nada en él suena artificioso, todo en su música desprende sabor a clásico contemporáneo, por su capacidad de golpear en toda la fibra o descoser con sinceridad desbordante cualquier defensa emocional.

De hecho, lleva años en pleno ascenso, quedando ya muy lejos esos siempre reivindicables Green On Red donde se dio a conocer. Los dos anteriores trabajos fueron en mi opinión muy buenos. Bien pulidos, rebosantes de actitud rock, Let Freeedom Ring y Soap and Water se hallaban entre lo mejor de sus respectivos años. Pero tengo la sensación de que ahora con este Temple Beautifulse supera. No es una cuestión de experimentación, más bien lo contrario. Sigue moviéndose en su campo de rock añejo con sabor a actual pero esta vez siento que borda el feeling, es decir, el destello de su música te atrapa con más intensidad que nunca. Tras pasear esos sentidos y brillantes homenajes alLondon Calling de The Clash, dentro de la iniciativa de We Used To Party, Prophet está en un estado de gracia, consiguiendo un rock’n’roll de un absorbente ropaje pop. Uno escucha un tema como Castro Halloween, tan bien tejido con esos arreglos tan bellos y discretos mientras se introducen pasajes de guitarra tan sugerentes, y siente que se le escapa el alma. Y, precisamente, todo Temple Beautiful desprende alma, eso tan difícil de conseguir.

Escuchando Castro Halloween, dedicada al famoso barrio gay de San Francisco, y casi todo el álbum, me viene a la cabeza Bruce Springsteen, que también ha intentado dar forma en los últimos tiempos a ese formato de rock bañado de capas pop. Pienso en lo sobrecargado de sus discos cuando el bueno de Prophet pone las cosas en su sitio, las deja respirar, y crea con ellas atmósferas, ofrece intensidades y no saturaciones. No necesita en cada canción demostrar que quiere comerse el mundo, alzarse como un altavoz universal, gritar más alto que ninguno. Simplemente, canta, toca y vive en cada segundo de los minutos que componen el corte.

Tal vez, entre Magic y Working on a dream de Bruce podría abrirse la vía menos grandilocuente y monumental de Prophet en este Temple Beautiful y, si la transitas con tranquilidad y el corazón a la escucha, te maravillas del paisaje sonoro como en las mejores obras de pincel fino y trazo magistral. Sucede igual al oír The Left Hand and The Right Hand. Directamente, te planteas si lo que ha hecho Prophet es alcanzar la plenitud sonora que Springsteen no encuentra, mientras se sueltan coletazos que recuerdan a losRamones, Dylan, The Clash o los Flamin’ Groovies, con ese corte que da título al disco y cuenta con la colaboración vocal de Roy Loney.

Prophet tiene mucho de ese Springsteen romántico. De alguna manera, forman parte de una misma senda y, en este sentido, es como si cogiese un testigo imaginario de los benditos y pordioseros transeúntes del rock de luces de neón, soñado en las duermevelas de la noche urbana, disparando a la vida con la eléctrica al hombro. Es como si Prophet fuera otro ilustre poeta naïf suburbano en la estela abierta por grandes como Lou Reed(cuando no se pone excesivamente espiritual y trascendente), Jonathan Richman o Tom Petty. Tiene el don. El don de volarte la cabeza. O, como reza su canción I felt like Jesus, hacerte sentir algo extraterrenal por un segundo. Al menos, yo viajo más allá de las nubes y Orión cuando llega el estribillo de esta canción, tan fácil, tan sencillo y con tanta luz, divina luz.