ALFA

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Presentación “El Ocaso de los Cines Luna”

Certero con la realidad, el título del nuevo EP de Alfa es clarividente. “El ocaso de los cines Luna” es la bajada del telón de terciopelo de una sala carente de aplausos. Después de “22 de Octubre” (Maral, 2011), “El segundo oficio más viejo del mundo” (Maral, 2012) y “Autorretrato de un hombre invisible” (Maral, 2013), Alfa cosecha una colección de trabajos de corta duración que desembocarán en un desarrollo de acontecimientos iluminando el principio de algo que está por venir.

“Yo soy el alfa y el omega, el primero y el último, el principio y el fin” (Apocalipsis 22.13).

Cuatro son los jinetes del Apocalipsis y cuatro los artefactos perpetrados por el músico madrileño que, ahora, se muestra primitivo ‘El inventor del fuego’ con una figura femenina (encarnada por Laura Rubio de Garaje Jack) escéptica que lo mismo piensa en atacar que en ser domesticada por su guardián. “Es una canción sexual a tope. Como un alardeo que patetiza el cortejo o lo ensalza”. Es, de largo, la canción más Rock (tanto en letra como en sonido) de todo el EP. A tenor de lo que pueda parecer, este primer corte se rige por tres cosas: coros, órgano Hammond y efectos wah-wah en las guitarras. Es un grito salvaje propio de la tierra, del polvo de las botas de John Kay (Steppenwolf) y Dave Peverett (Foghat), de animales salvajes buscando cobijo en los dominios de la carne. “Hay momentos en la vida en los que se piensa solamente en una cosa”. El que busca, encuentra, sea para compartir piel o para revolcarse en pos de un baile sexual. Todo quiere indicar que el animal salvaje va a la carrera…

Y esos lobos, heridos –parece ser- emiten aullidos en ‘Su voz’. Un lamento propio de The Flaying Burrito Brothers “para una canción guerrera”. Una banda sonora pensada para un largometraje de cine mudo “contra la derrota de la certeza”. La canción más bella de este presente trabajo y muy a la altura de la celebérrima ‘Afrodita’. “Realmente es una canción que habla de una cantante, por lo que es en tercera persona. Esta chica tuvo una época muy mala a nivel personal, y en uno de sus conciertos me regaló la imagen del estribillo”. Alfredo rasga la voz en una melodía de contención, de arrebatos valientes con aires de Blues y un sempiterno Hammond a modo de fúnebre pero sensual marcha. Una suerte de balada Country a punto de estallar en el Soul.

‘La distancia’ es, posiblemente, la conjunción del sonido eléctrico con el sabor amargo de una melodía solitaria cargada de redención y desamor. No es una típica historia de pérdida, sino que basa la lucha por escapar arremetiendo contra las cargas que deja el recuerdo. “Habla de lo difícil que es dejar atrás muchas cosas”. Y es que ya lo dice: “algo cuelga de mis alas al volar”. Aquí vuelven a predominar los teclados y las guitarras eléctricas (al principio imitando una mandolina), pero es el ritmo de la batería y los coros femeninos de Sandra Lusquiños (Alexandra in Grey) los que revitalizan la melancolía de la canción. No es un dúo, pero sí un espectro de lo que puede suceder si se dejan las cosas pasar.

En el último baile, sea de salón o de fin de curso, sonarán los metales en los estertores de la salvación “porque todo es un punto final”. Y ya se sabe, que ‘Los que siempre caminaron contigo’ son esos que estuvieron y estarán ahí… pase lo que pase. Pudo haber salido una canción llamada ‘Los demás’ para recitársela a los que “nunca estuvieron”, pero Alfa se limita a mentarlos en esta película de cuatro partes con un protagonista que sigue siendo pionero en el arrastre del dolor demostrado. “Es muy difícil en la vida darse cuenta de qué tipo de gente es la que te acompaña”. Aquí se deshace una melodía lenta, de duelo, pero con olor a años 70, a destellos de gloria pero también a tiempos complicados, de esos en los que uno no sabe por dónde tirar; si por el sendero de las piedras o por el barranco embarrado. La elegancia hecha canción en unos pocos acordes.

Ahora, que la tormenta ha pasado, la lluvia ligera deja caer sus gotas sobre el cristal. Sin mucho jaleo pero dejando un camino que destapa el recorrido de un músico vivido (y vividor) con ganas de escapar. Que así sea, si es que la vida y la muerte nos dejan, pues de valientes está lleno el cementerio y de músicos las calles del arrabal.